Y se decidió a pensar, mirándose fijamente a los ojos, de una forma profunda, como nunca se había mirado a si mismo.
¿Y qué encontró? Nada, no había nada en el interior de sus ojos, ni siquiera esa triste soledad, sus llamativos ojos estaban vacíos de amor propio, vacíos de vida, solo deseaba la llegada del beso frío, que la dama refrescase sus labios y acabar con todo. Pero antes, antes, quería conocerse, ubicarse, amarse a si mismo.
¿Y lo logró? Existen varias formas de verlo. No era para él conocerse a si mismo el saber de que color eran esos ojos vacíos, no era el saber que su rodilla izquierda flaqueaba constantemente o que el dolor persistía ante bajas temperaturas, tampoco lo era el ver otra vez ese lunar en su dedo anular que tanto le apasionaba, que le hacía sentirse identificado. A mi modo de ver si que lo logró, supo que no estaba solo, que el vacío de sus ojos lo hacía especial, que esa rodilla flaqueante y dolorosa eran recuerdos, que ese lunar que le apasionaba por aquel entonces le iba a apasionar toda la vida, que le iba a encantar, que siempre estaría ahí. Una vez ya se había conocido, ubicado y amado, buscó el amor.
¿Y el amor? Amor, amor, una palabra que el mero hecho de escuchar le hacía sonreír, que al salir de su boca vibraba en el aire mientras brillaban sus ojos. Lo buscó a su alrededor, de una forma errónea, creía que estaba en alguien, se desesperó, cosas de ser humano, de tener sentimientos, lloró, tembló y como toda persona se entristeció. Dejó que la hierba creciese a su alrededor mientras se rodeaba de pesimismo, pero, de repente, algo cambió, encontró el amor, pero no era una persona, ni un animal, ni un objeto, ni una canción; lo era todo. Un color, una sonrisa, una palabra, el viento acariciando sus labios, la sensación de acariciar un muro, el bostezar al despertarse por la mañana, saber que se despertaría junto a esa persona, se sentía vivo, sentía el amor de una vida.
¿Y era feliz? Según puntos de vista, para él sería una pregunta estúpida, él decía que no era feliz, pero tampoco era una persona bajo una depresión por lo injusta que es la vida. Para mi, puedo asegurar que la felicidad estaba en él, que no quería verlo, que si en algún momento decía ser feliz se acabaría todo, alcanzaría esa utopía que buscaba, que debe ser inalcanzable, que su búsqueda nos hace acercarnos a ella un paso, pero que retrocederá dos más, perfecto.
¿Y luego? Sucumbió ante eso que le hacía feliz, eso que le hizo vivir enamorado, la vida, sin esperarlo, aquello que buscó en un principio se presentó una mañana de primavera. Una mano helada, un beso frío, apareció la dama que él necesitaba para acabar con todo, se abrazó a ella con una sonrisa en la boca, sabiendo que su vida había sido plena, sin nunca decir que había sido feliz. La muerte fue solo un paso para él, pero sus ojos reflejaban que había vivido cuanto había querido, con el sudor de su frente, pero hasta en el último momento, el más difícil, sonrió; y me hizo ver quien era de verdad yo, quien debía ser, y me hizo feliz.