"Pedaleo"
Arranques de impaciencia a cada paso, los puños cerrados, tensos, inmóvil ante una imagen que dilata sus pupilas y enerva sus sentidos. Rabioso como un perro enfermo. Alterado por el tercer café de la mañana, mordiéndose el labio inferior.
Ni tan siquiera recuerda ya su olor, no existe, no duele, no la siente cerca de él. Ese olor que hinchaba su pecho y le hacía sentir calor, apretarla contra su cuerpo y sentirlo en él.
Arrastrada su pena por caminos de tierra, calles adoquinadas y carreteras asfaltadas. Pedaleaba con ritmo firme sintiendo el viento en su rostro, fin de la pena. A cada giro de cadena se ensanchaba su sonrisa y sus pulmones, ya no hay tristeza.
Creyó en lo que sus ojos le contaban para acabar golpeándose contra un muro. Pura farsa de unas pupilas que recordarlas provocaban arcadas. Quería odiarla, pero no podía, otra voz apaciguaba la rabia entre cálidos besos.
El aire dejó de asfixiarlo, levantó su cabeza y vio el mar ante sí, fresco, puro. Ella que conocía todo aquello que podía herirlo, e hizo uso de ello para apuñalarlo y destrozarle el alma quedaba atrás. La idea de unos ojos marrones le apaciguaba el alma. Atrás dejaba a cada golpe de pedal mentiras y traiciones, palabras melosas cuyo fin era ahora claro. Una sonrisa veraz, era esa ahora la que veía con claridad. La suya propia.