miércoles, 22 de mayo de 2013

Pasear por el gélido pasillo...

La necesidad constante de sentir las yemas de tus dedos acariciando estas costillas doloridas al tiempo que los primeros rayos de sol entran por la ventana, atravesando las viejas cortinas que son incapaces de cumplir su función de ocultar nuestros cuerpos desnudos, pegados, de la vista de la calle.

Tu olor impregnado en la almohada, que me hace pensar cada mañana que sigues aquí, que has invadido el lugar más seguro de un niño asustado de los monstruos del exterior, la fortaleza de ese niño que se hace fuerte bajo las sábanas.

El gélido suelo del pasillo, aquel que recorrimos con los pies desnudos a toda prisa uno tras otro, se me hace eterno y eriza el vello de mi cuerpo la sensación de que no estas aquí. Y lo recorro a pies juntillas, como pisando algodones, sintiendo el hielo que es ese suelo, acariciando la pared, esperando que suene la puerta, esperando que seas tú.

domingo, 12 de mayo de 2013

Se juntaron el hombre y las ganas de mujer.

-Te debo pedir que traigas tu propio pijama, que esto es insostenible, que me tiemblan las rodillas y se me encoje el estómago. 
-Pero... ¿de qué hablas?
-¿No lo ves? Te dejo mi pijama cada noche, y... cuando no estás, me lo pongo yo, y al despertarme noto tu aroma sobre mí, noto tu presencia en mi cama, porque... mi cama huele a ti.
-¿Y eso es un problema?
-Es un problema en el momento en que abro los ojos y veo que no estás, que, una vez más, tu aroma me ha engañado, que me ha creado una falsa ilusión, que me doy cuenta de que me quiero despertar a tu lado.