domingo, 13 de abril de 2014

Somos mentira.

Tito Livio, o Titus Livius, el historiador romano mostraba claramente sus principios afirmando que: "la plebe o sirve con humanidad o domina con soberbia".
Observar al ser humano a nivel macro, más allá de sus terribles efectos sobre la tierra, más allá de la imagen de "un virus con putos zapatos" como decía Bill Hicks puede aparentar bella y sana si hacemos un esfuerzo, ¿podemos quizás centrarnos en la imagen del tan usado término de comunidad?
Tengamos en cuenta el hecho que pese a que el término "comunidad" puede llevarnos a pensar que ésta es opaca, que no existen más necesidades que las propias del conjunto en bloque, por expresarlo de alguna forma. Es ésto un error, pues en el interior de estas comunidades, herméticas, opacas y mates hallamos un amplio abanico de necesidades, así como potencialidades a niveles que podríamos considerar micro.
Previamente a Tito Livio, Séneca ya escribía: "me vuelvo más avaro, más ambicioso, más sensual, aun más cruel y más inhumano, porque estuve entre los hombres". ¿Puede ser que si observamos al ser humano desde lejos, obviando su fuerza destructiva, encontremos que esa autodivinidad que se han otorgado a nivel individual lo que lleva al ser humano a ser repulsivo en tantos, tantos, tantos aspectos?
Considerarnos dioses, esa voluntad de poder que nos hemos otorgado debería entonces llevarnos a pensar aquellas palabras salidas de Zaratustra pueda llevarnos a la autodestrucción, pues somos individuales llevando por estandarte la comunidad y lo social, somos mentira.
"¡Será posible! ¡Éste viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!"
Y es así que en ocasiones dudo de si me siento al igual que el Viejo Santo del bosque, el mismo que espetaba "(...) a los hombres no los amo. El hombre para mí es una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría".

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