"Una mosca en el corazón"
Un zumbido, una suave vibración en el pecho, notar sus pequeñas patitas recorrer el pecho, pero no por fuera, por dentro. Una pequeña punzada a la altura del corazón, sentir como avanza y emerge a través de la carne y la piel; asoma la cabeza, una pequeña mosca.
Se frota ambas patas, alza el vuelo llevándose consigo el tenue zumbido que la acompaña allí donde va. No hay herida, un pequeño agujero en el pecho a través del cual se sienten los latidos de un corazón yermo y seco.
Revolotea a su alrededor con el constante zumbido, se posa sobre su piel y él la ahuyenta con la mano; ésta insiste aterrizando nuevamente sobre su frente para volver a ser espantada mientras él zarandea sus manos. El gesto se repite una y otra vez, ninguno de los dos parece darse por vencido.
Oscurece, su presencia se vuelve ínfima y vacía, no hay luz y, a su alrededor, un olor turbio a quemado, un olor que es incapaz de soportar. Inmóvil, con las piernas paralizadas se siente solo. Se encoge en sí mismo y llora. Parece que el tiempo no avanza. Un zumbido a su derecha, un zumbido a su izquierda.
"¿Dónde está mí mosca?"
Se hace la luz al amanecer, ella aparece revoloteando, él se abre de brazos y la deja posarse sobre su pecho para que lentamente entre por la herida previamente provocada y así vuelva a su corarzón.
Un zumbido, una pequeña vibración al compás de sus latidos, vuelve a estar completo. Deja que sus diminutas patitas recorran el centro de su cuerpo. Y vuelve a sonreír.
Tuvo, tiene y tendrá una mosca en el corazón.
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