domingo, 15 de agosto de 2010

Lunes, Martes, Miércoles y otra vez...

Un rayo de sol que entra por la ventana, se refleja la luz en tu rostro, unos pasos de fondo; no se detienen, ajetreados. Al abrir los ojos se puede observar la noche en ellos, están rojos, están cansados, un pinchazo en la sien, mareo constante; dolor de estomago, es un sábado más, no hay prácticamente ninguna diferencia con el domingo, ¿y qué?

Levantate, observa de la misma forma el mundo, de la misma forma que lo has hecho durante toda esta vida, lastima, ¿verdad? Une los hechos de la noche anterior, sonríe, fue divertido. La sombra de la cortina balanceándose al fondo del pasillo te distrae durante un momento, quizás será lo que más sentido cobre a lo largo de otro día más.

Lunes, Martes, Miércoles y otra vez, es una vida, para ti no. piensa que serán las pequeñas acciones las que le darán sentido a esta corta estancia de sufrimiento. Unas palabras de esa persona a la que quisiste, que no esperabas volver a oír, ni siquiera eso te puede hacer sonreír.

Aquellas noches de cariño quedaron en nada, un piso céntrico, una cama individual, dos cuerpos desnudos, caricias, abrazos, besos, sexo bajo las sabanas. Todo acaba, prefieres estar con los amigos, los amigos de verdad, esos mismos con los que te ves capaz de arrasar con el mundo, nadie puede pararte los pies. Arrancas el motor de tu coche, el maletero hasta arriba, instrumentos, ropa y bebida, no necesitáis nada mas.

El volumen de la música al máximo, un cigarro en tu boca, un comentario gracioso sobre la noche que os espera. Miras por el retrovisor y la sonrisa del que va sentado en el asiento de detrás te alegra, y más aun cuando te das cuenta de que sabes que puedes confiar en él. Ha estado ahí siempre, y siempre estará, lo sabes.

Llega la noche, el coche está ya vacío, todo preparado para el espectáculo, para disfrutar, para vivir de verdad. Tus ojos rojos, junto con los de tus amigos; lleváis horas bebiendo pero vale la pena. Risas entre colegas, uno busca su libro de papel para seguir disfrutando de la noche mientras otro te pone otro cubata. Un chico se acerca, os da el aviso, toca subir al escenario, pasarlo bien y que la gente lo pase bien, es vuestro momento.

Ojos atentos desde el público, esperan que comencéis a tocar, sois todos uno, un equipo, tiemblan las piernas, rebuscas en tus bolsillos el tabaco que hace horas que se ha acabado, te ves obligado a pedir a alguien del público. Os miráis entre vosotros, risas, frases al oído, golpes en la espalda, choques de manos, se os ve felices. Por un momento recuerdas a esa persona a la que amaste, a la que le diste todo, te lo dio todo, os amasteis, os mordisteis, os comisteis, por un instante deseas que este junto a ti; pero todo pasa.

Comienza la música, lo dais todo, os dejáis la piel. La atenta mirada de la gente os gusta, saltan, bailan, cantan; vuestros ojos brillan ante los focos. Un trago entre tema y tema, reciprocidad entre los verdaderos amigos que estáis en el escenario. Sudáis, duelen los brazos, la garganta, las manos, pero vale la pena, al acabar entre los aplausos os dedicáis a recoger el equipo, y de nuevo al coche.

Continua vuestra ronda nocturna, toca seguir bebiendo, toca reír, alegrarse, que os señalen por haber tenido vuestro momento sobre el escenario, os reconocen, pero solo será por una noche, es preferible el anonimato. A altas horas toca realizar el viaje de vuelta, de nuevo, el coche hasta arriba, sin bebida; ya no hay risas, estáis cansados, pocos comentarios, un viaje tranquilo, con la música a un volumen relajado. Mañana recordareis la noche y reiréis, pero no es el momento, toca descansar.

Un rayo de sol que entra por la ventana...

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