Una mirada tímida se les escapó desde un lado de la sala al otro, no había cuerpos para ellos, solo ojos, ojos que se observaban los unos a otros, que se clavaban como dardos y se introducían en lo más hondo de cada uno de ellos; queriendolo saber todo, queriendo ser todo. Extasiados en alcohol, tabaco y hierba, con la música de fondo, mantuvieron esa mirada unos segundos, fue suficiente para comenzar a experimentar la suerte con dos vidas.
Pero la suerte nunca juega a favor, y las vidas siguen adelante. Se conocieron formalmente con el tiempo, sus vidas estaban mas cerca la una de la otra de lo que creían, y se dejaron llevar. Tuvieron nombre y apellidos el uno para el otro, él expresaba públicamente sus deseos con sus amigos, ella mantenía la situación en un pequeño secreto al cual solo podían acceder sus mas cercanas amistades y ella misma.
La timidez inicial perdió su nombre, se transformó para acabar tomando la forma de una pareja de conocidos que disfrutan de una cerveza, una conversación informal, para ser inocencia y adolescencia. Con la discreción adecuada, aunque bajo la atenta mirada de aquellas personas que imaginan cuales son los siguientes pasos de tales acciones y quieren ponerse en el lugar de una de esas personas que avanzan una para la otra.
El cielo no se movió de sitio pero el tiempo avanzaba para ellos dos, no solo había nombre, apellidos y ojos, hubo personas, recuerdos y sentimientos que se intercambiaban, que se mostraban sin esconder nada, no era necesario. La noche dio sitio al intercambio de algo más que sentimientos, se mostraron mucho más entre ellos, caricias, besos, abrazos, sus cuerpos desnudos se permitieron comerse y beberse el uno al otro, empapados en sudor pecaron hasta obligar a Dios a dar su brazo a torcer, y cuando todo acabó, abrazados como auténticos amantes, durmieron.
Pero los vientos cambian y el tiempo los obligó a tomar caminos distintos; gozaron de ellos mismos mucho tiempo, pero el amor no lo fue todo, del mismo modo que se vieron por primera vez, de un lado a otro de una sala, se despidieron. Con una mirada lo expresaron todo, la misma mirada que el primer día, deseando apoderarse ella de él y él de ella. La suerte ya había jugado bastante y echó la última mano.
Separados el uno del otro, se quedaron en mente y corazón para no abandonarse jamás, recordando las noches que pasaron juntos. Tuvieron el mensaje claro, se habían amado, pero el amor no juega a favor, hay muchas más constantes y esta no era la que llevaba todas las de ganar. Nunca una mirada significaría tanto en la vida de estos dos jóvenes, que tras los ojos de cualquiera, vieron los ojos de su amor.
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