Esbozó una pequeña sonrisa en su rostro, intentó echar la cabeza hacia detrás, pero no pudo, algo se lo impedía. Estiró los brazos para desperezarse y notó que algo no iba bien, pero en ese momento no sabia que era. La boca le sabía amarga, tenía cefalea, la cabeza no la tenía ubicada en su lugar, cuando acabó de abrir los ojos notó la fuerte luz del sol cegándole, le dolió.
Se vio rodeado de arena, todavía con la ropa de la noche anterior, se incorporó y vio el mar, la playa, las olas posándose sobre la arena humedeciéndola para retirarse y dejar que el sol la secara rápidamente; seguía en el mismo lugar donde todo acabó la noche anterior.
Sentado, con las piernas cruzadas, rebuscó en sus bolsillos buscando un cigarrillo de buenos días, pero no hubo suerte. Soltó un suspiro de resignación y levantó la barbilla, dejando que el viento le acariciara el rostro; paseándose por sus labios, sus parpados y su frente, refrescandole y acabándolo de despertar. Por un momento se quedó sin aire, sintió como si el corazón, en un segundo, se le detuviese; y la vio a ella.
Se la imaginó en su misma situación, sentada en la arena, con la misma ropa que la noche anterior, la barbilla en alto, disfrutando de la suave brisa de la mañana, que meciese su cabello castaño, rozando con este la arena, con sus ojos pardos clavados en el horizonte, esbozando una sonrisa, jugando con la arena entre sus dedos, disfrutando del momento.
La imagen desapareció para dar paso de nuevo a la cefalea, un dolor intenso que se le clavaba en la sien, y en un nuevo intento por volverla a ver en su mente, se echó hacia atrás, tumbándose en el mismo lugar donde había pasado la noche, y cerró los ojos. Con las manos en los bolsillos, las piernas todavía en cruz, sin todavía percatarse de que no llevaba calzado alguno, hizo todo el esfuerzo para volverla a ver, volverla a imaginar.
Cerca de él, justo a su lado, tumbada, de costado, mirándolo fijamente, clavándole esos ojos pardos sobre los suyos, con la misma sonrisa que la última vez que la vio en persona, le agarró la mano y, por un momento, todos los males del mundo desaparecieron. La imagen comenzó a difuminarse, a perderse, se le aceleró el corazón, y en su cabeza solo oyó una cosa... “todo es posible”.
Per a Maria, de tot cor, amb tot el carinyo del mon.
No hay comentarios:
Publicar un comentario