jueves, 7 de marzo de 2013

Ya no hay miedo, ya no hay barro.

Una sensación cálida en mi mejilla, sus labios, mis manos se dejan llevar acariciando su rostro, recorriendo cada uno de esos rasgos que me provocan un suave escalofrío por mis brazos que se eleva hasta mi cuello y nuca. Dejo que las puntas de mis dedos vaguen sueltas, rozando el borde de sus labios, paseándose por su frente, descendiendo a su nariz, parándose durante unos segundos en un pendiente frío, de metal, colocado en su nariz, ella sonríe. 

Una mirada que parece detener el tiempo, acompañada de una sonrisa, no existe nada mas cuando está ella presente, no hay mal alguno que pese en mi estómago, ningún silencio incómodo que arranque de nosotros esta plácida sensación; una sensación similar a una brisa que acaricia nuestra piel, nada puede eliminar este placer. 

No miramos atrás, ¿qué más da lo que hubiese antes? Ya no hay miedo, olvidamos ese barro que pesaba en nuestro estómago y pulmones, esa tristeza, se ha diluido, se ha perdido. Yo solamente te pido que sigas sonriendo, que sigas deteniendo el tiempo, porque no queremos que avance. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario