Reescribir sobre las líneas de lo escrito,
desdibujando aquellos garabatos dando paso a las palabras que repiqueteaban en
su oído, biensonantes, complejas, elaboradas. Sostener con firmeza la
desgastada tiza, arrastrarla suavemente sobre la oscura tierra, y sonreír,
siempre sonreír.
Arremeter con fuerza contra la barricada del
tiempo, cargar contra sus inamovibles pilares de piedra negra, resquebrajar sus
cimientos y mostrar que no hay nada que te sea imposible, insinuando una
sonrisa leve, dejando entrever los dientes.
Y ahora pararse a pensar, pararse a decidir,
sentir el latir manso del corazón, no hay barrera alguna que te impida llegar a
tu destino, a tu objetivo, los inmensos ojos que te acechan, las suaves manos
que te acarician el rostro y unas piernas largas que se enroscan a tu cuerpo fundiéndoos.
Estremecerse entre sus brazos, un instante
eterno y una eternidad instantánea, ya sois uno, lo es todo, no importa nada más.
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