jueves, 5 de julio de 2012

Pequeña, tímida gota.

Vi como una ínfima gota de sudor recorría su rostro, descendiendo junto a sus ojos en dirección a sus labios, me estremecí al verla rozando el borde de los mismos, soñé ser aquella gota. Descendió hasta su barbilla para, en una milésima de segundo que pareció una eternidad, caer en su pecho, evitando cruzar mirada alguna con sus ojos, busqué de nuevo aquella gota, pequeña, tímida, que se dirigía ya apresurada hacia su ombligo. Sorteaba los dedos de mis manos que acariciaban su costillar mientras lentamente me acercaba a su rostro para besarla, para sentirla cerca de mí.

Así pues, del mismo modo en que me acercaba, cumpliendo un sueño, una imagen grabada en mi memoria de un deseo del pasado, aquella pequeña gota de sudor había rebasado ya su suave y perfecto ombligo, grabado en sus carnes con precisión milimétrica, descendiendo lentamente como si estuviese imantada.

Y fue el contacto con esos labios, al unisono que mi cuerpo detenía aquella gota de sudor, mientras nuestras miradas se cruzaban y con todo mi cuerpo sentía la suavidad de aquella piel, el tiempo se detuvo un instante.

En mi cabeza solamente se repetía la idea de que me arrancaran el corazón, pues nunca había latido con tanta fuerza, nunca había pretendido salirse de mi pecho con tanta pasión.

Camina suave.

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