martes, 17 de julio de 2012

Porque no quiero entenderte.

Podría describir rápidamente aquello que suelo hacer cuando escribo, cuando escribo pensando en ti, es simple, me siento frente a mi mesa, con una vieja libreta ante mí, busco un bolígrafo y me pongo a escribir. Seguramente, como siempre, el bolígrafo no funciona, y me veo obligado a buscar otro por la habitación, para darme cuenta de que este tampoco escribe; y repito la operación con miedo a que las ideas se evaporen de mi mente.

Pero vamos a lo importante, y es que esto que te cuento no quiero que parezca bonito, quiero decir la verdad, tal y como es, tal y como debería sonar. No voy a negar que me tiemblan las manos a cada palabra que escribo, y aunque estas no temblaran mi letra seguiría siendo igualmente pésima. No puedo ocultar que mi corazón se acelera y sudo empapando el papel, el bolígrafo y mi camiseta. 

Leo y releo lo que escribo, la cual cosa no voy a hacer con esto, lo volveré a leer cuando lo pase al ordenador y no pienso cambiar nada. Corrijo hasta la saciedad todo lo escrito para que suene bien en mi cabeza, sabiendo que ni siquiera así sonará bien a aquellos que lo lean.


Al menos, puedo decir que he cumplido al no corregir nada de lo escrito, quizás me quede tranquilo, quizás solo quiero decirte que no quiero entenderte, que nunca se que quiero.

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